Gran Canaria, la isla con aromas de vino

LA BODEGA 20 de enero de 2021 Por MÍCHEL JORGE MILLARES
Pocas zonas vinícolas del mundo pueden ofrecer las excelencias que encontramos en Gran Canaria, donde las zonas de cultivo permiten reconocer el acertado lema 'continente en miniatura' que define la Isla por la variedad de climas y de paisajes que ofrece.
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William Shakespeare dejó escrito que el ‘Canary wine’ es “un vino maravilloso y penetrante que perfuma la sangre antes de que se pueda decir: ¿qué es esto?”. Con esta fama que se extendió por el mundo entero, los vinos de las Islas Canarias acrecentaron su prestigio durante siglos en dura pugna con la tradición vitivinícola de las distintas comarcas productoras de Europa que extendían por el mundo una enorme variedad y calidad de vinos. Hasta que la filoxera arrasó con los viñedos de la mayor parte del planeta a finales del siglo XIX. Variedades de uva desaparecieron por completo en casi todo el mundo pero sobrevivieron en nuestras islas. Por ello, cuando vea o respire los aromas del vino canario, cuando vea sus tonalidades o toque el racimo en la vendimia notará inmediatamente que está ante una joya rescatada y conservada por un pueblo que ha desarrollado la cultura del vino con una especial atención y mimo a lo largo de los siglos, una cultura que ha arraigado en el paisaje y en la personalidad del isleño, como señaló el folclorista y compositor Néstor Álamo, al señalar que nuestras fiestas populares eran parranderas porque se celebraban con vino.

Estos vinos demuestran que el destino isleño no solamente ofrece un clima único en un territorio que es al mismo tiempo un abanico de paisajes y contrastes. Donde los vinos isleños crecen en atractivo e interés por su originalidad y calidad únicas.

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Los vinos de Gran Canaria conservan las cualidades y calidades originales de nuestras cepas de listán negro, tintilla, vijariego negro, listán blanco, moscatel de Alejandría, malvasía volcánica y albillo criollo. Vides que llegaron en el siglo XV a las Islas pero que se han adaptado a nuestro territorio hasta el punto de ser consideradas especies autóctonas que sorprenderán por sus diferencias con las variedades más comunes, pero también por el sabor que encierran de frutas nacidas en la tierra volcánica, torturada por el fuego y regada por los vientos alisios. El 80 por ciento de los vinos producidos en Gran Canaria son tintos, mientras que la mayor parte del 20 por ciento restante es blanco, a los que se han sumado en los últimos años caldos madurados en madera y pequeñas experiencias de bodegas que embotellan crianzas.

Pocas zonas vinícolas del mundo pueden ofrecer las excelencias que encontramos en Gran Canaria donde las zonas de cultivo permiten reconocer el acertado lema 'continente en miniatura' que define la Isla por la variedad de climas y de paisajes que ofrece, con un territorio en el que el norte es húmedo, el sur seco, cada uno con sus matices y variedades, además de las diferentes altitudes que ofrece este prototipo de isla que asciende desde el mar hasta casi 2000 metros donde encontramos los diferentes cultivos como si fuera un mapa de un continente, en el que cada parcela tiene una temperatura, humedad y horas de sol distintas, lo que hace de la recolección una tarea ardua y compleja, artesanal y cuidadosa, comenzando antes y finalizando después del resto de zonas vinícolas.

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Para comprobar esta realidad, recomendamos visitar la Casa del Vino de Santa Brígida, municipio que dedica cada año el mes de noviembre a actividades en torno al sector vitivinícola, de gran tradición en la localidad con 16 bodegas con el sello del Consejo Regulador. Pero no le extrañe que en cualquier momento y punto de la Isla se encuentre con una noche de vinos y tapas para conocer la producción isleña en maridaje con los productos agrícolas y las creaciones de nuestros cocineros.

Las bodegas de la Denominación grancanaria producen unas 310.000 botellas al año de las que 17.000 botellas son exportadas al extranjero. Tan reducida cantidad hace difícil explicar la amplia variedad de vinos de la Isla: blancos, tintos jóvenes, robles y malvasías, todos bajo el sello común del Consejo Regulador que garantiza la calidad que hará las delicias de los más exigentes.

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